Hablar de coeducación supone algo más que pensar en una educación mixta donde hombres y mujeres comparten un mismo espacio. Este modelo educativo abarca un complejo entramado de características para lograrla: en primer lugar, la coeducación es una intervención escolar donde hombres y mujeres reciben la misma educación y esto implica la revisión de los currículos escolares, el trato interpersonal entre cada uno de los actores de la comunidad educativa (sin diferenciar que unas y otros pueden hacer ciertas cosas por razón de sexo o género); en segundo lugar, exige hacer explícita e intencionadamente una revisión profunda de las herencias o estereotipos que tenemos, de lo que hacen las mujeres y los hombres en sociedad, y que estas no necesariamente corresponden a lo que entendemos por masculino y femenino.
Detenernos en los pequeños detalles y gestos que hacen que nuestra cotidianidad se convierte en algo necesario para hacer una revisión minuciosa de temas como: los colores que se indican al momento de nacer, la ropa que se utiliza al interior de la Institución Educativa, los roles que se imponen al momento de elegir un juego, entre otras, van abonando camino a una escuela coeducativa. En resumen, como lo menciona Marina Subirats (1988) la coeducación es un proceso educativo tendente a eliminar las mentalidades y comportamientos sexistas en la escuela.
Bajo esta tesitura, la coeducación lejos de insistir en ver como iguales a niños, niñas y adolescentes en el ámbito escolar, busca “enseñar a respetar lo diferente y a disfrutar de la riqueza que ofrece la variedad” (Moreno, Montserrat. p. 1993). La coeducación supone y exige situaciones de igualdad real, de oportunidades académicas, profesionales y, en general, sociales, de tal modo que nadie, por razones de sexo, parta de una situación de desventaja o tenga que superar especiales dificultades para llegar a los mismos objetivos.
Para esto, la coeducación se aleja de una mera igualación de los puntos de partida, está aparte de la aceptación de identidades, orientaciones y expresiones de género que conviven en el espacio escolar, esto con el fin de crear un ambiente tranquilo y acogedor para que todas las personas logren construir su identidad social desde un auto concepto positivo y saludable. Se trata, también, de propiciar la comunicación entre las personas de ambos sexos, basándose en el respeto mutuo, en el conocimiento acertado, en la aceptación de la convivencia, en el diálogo creativo y en la superación de sesgos sexistas como categorías hegemónicas y auto excluyentes.
Un ABC como sus siglas lo indican, busca dar definición de la A a la Z a ciertos conceptos importantes que hay que tener presentes al momento de tratar un tema, en esta ocasión, la implementación del enfoque de género en la escuela y en los proyectos educativos institucionales PEI.

- Definir conceptos clave para la transversalización y aproximación al enfoque de género y derechos de las mujeres en la construcción de los proyectos educativos.
- Visibilizar elementos claves para la incorporación del enfoque de género en los diferentes componentes del proyecto educativo institucional.
- Brindar herramientas pedagógicas y didácticas coeducativas para la incorporación del enfoque de género en los procesos de enseñanza ya aprendizaje.